> 3 cebollas
grandes,
4 papas, 6 zanahorias,
1 kg. de filetes de tararira, sal, pimienta blanca,
ají molido,
un puñado generoso de pimentón y 1 l.
de buen vino blanco seco.
Preparación
y armado:
Cortar 2 cebollas
en aros no muy finos y la tercera en plumas. Cortar las
papas y las zanahorias en rodajas de 1 cm. de espesor
y la tararira en trozos grandes. Colocar una capa de cebollas
cubriendo el fondo de una olla preferentemente de hierro,
rociar abundantemente con aceite, agregar una capa de
pescado, salar, otra de cebollas, papas y zanahorias mezcladas,
salar y repetir estas capas hasta terminar con los ingredientes.
Poner la olla sobre fuego intenso y agregar la pimienta,
el ají molido, el pimentón, el laurel y
bañar con el vino. Cuando las zanahorias están
cocidas, el chupín está listo. Esta receta
se puede hace con filetes de surubí, armado o cualquier
pescado cuya carne no se desarme fácilmente.
> Ricardo Annichini
De río adentro
Con experiencia en el exterior y una extensa trayectoria en la cocina litoraleña, llegó a Palermo, desde Bajada Grande -una villa de pescadores cercana a Paraná donde recibía comensales de diversos puntos del planeta- para proponer la fusión de sabrosos pescados de río con los paladares gourmands de Buenos Aires.
Annichini es un buceador de cocinas de diversas costas.
Fue pescador, propietario y chef de variados restaurantes que van
desde un espacio en la villa de pescadores Bajada Grande, Entre
Ríos, a un coto de caza menor y pesca en una arrocera de
Guayquiraró, Corrientes, a Brasil y los Estados Unidos. Incursionó
un año en el restó de la Posada Solar Da Lua en Praia
du Forte, en Bahía, Brasil y otro en el recomendado Rusty
Pelican, “un restaurante grosso de pescados y mariscos, ubicado,
en la bahía de Key Biscayne, desde donde se ve toda Miami”
detalla.
En Buenos Aires, el destino lo llevó a Palermo, donde estuvo
a cargo del evento gastronómico-musical “La noche de
la boga” realizado en el Chacarerean Teatre. El éxito
de esta experiencia más el pedido de los comensales porteños
que visitaban su restó de Entre Ríos, que lo animaban
para que trajera “sus” pescados a Buenos Aires, lo impulsó
a entusiasmar a sus socios y a buscar un lugar para abrir Jangada.
Eligió la esquina de Honduras y Carranza, en Palermo Hollywood,
barrio que lo enamoró con su ritmo, “su parecido con
muchos pueblos de provincia y además, porque varios de mis
amigos viven en las inmediaciones” cuenta.
Salvo el pacú “que es de criadero porque no se encuentra
más en el río, dorados, bogas, tarariras y surubíes
nos son provistos directamente por los pescadores, para ser asados,
fritos o en riquísimos chupines.”
A pesar de que el 80 por ciento de sus clientes van a comer estas
propuestas del río Paraná, completan el menú
pescados de mar, de ríos de montaña, carne vacuna,
pollo y cerdo ahumado a la parrilla con hojas de eucaliptus.
¿La especialidad de la casa? Cualquiera de los pescados de
río entero, despinado a las brasas, servidos en tablas para
dos personas, que se puede comer directamente de la madera, “lo
que en el Litoral llaman caranchear”, manifiesta con gracia.
Para el invierno agregará al menú risottos, comida
en la que se especializó en Miami y de cuya “elaboración
y punto” se siente muy orgulloso.
La vajilla de Jangada, es un bonus entre los placeres, está
a la venta y fue diseñada por su mujer, la artista plástica
Laura Calderón y realizada por artesanos de Bajada Grande.
Las cazuelas en las que se sirve el chupín, recuerdan con
su forma la famosa “negra de tres patas”, la “típica
olla de hierro de los hogares isleños a la que le han dedicado
una chamarrita que habla de ella y da la receta del chupín”.
Laura lo acompaña en todas sus andanzas, porque “como
buen libriano, soy incapaz de hacer algo solo, necesito de mi pareja
para emprender cualquier proyecto. Actualmente ella se encarga de
la remodelación del restaurante de Bajada Grande que reinauguraremos
en primavera” adelanta.
Para hablar de inicios, cuenta que “mi primera escuela fue
la cocina familiar, desde la que mis padres, excelentes cocineros,
agasajaban permanentemente a sus amigos. A cocinar y despinar los
pescados sin romper la pieza, me enseñaron los ribereños”
y su creatividad y experiencia le permitieron reelaborar esos típicos
platos y ofrecerlos a sus clientes, quienes lo aceptaron inmediatamente
dando lugar a “una nueva gastronomía”.
Se entusiasma e ilumina su expresión cuando se refiere a
la buena acogida que recibió del público porteño,
de su nutrida clientela, que integran famosos y seguidores de la
primera hora como Karina Mazzocco, Mauricio Dayub, Paula Siero y
el Puma Goity -quien eligió Jangada para celebrar su cumpleaños-;
a Ulises Dumont “un gran pescador y conocedor del río”,
cuenta o Pino Solanas, entre otros. El mismo entusiasmo surge cuando
habla de la gente y de los pescadores de Bajada Grande, de sus colaboradores
y amigos y de la búsqueda de casa para recibir a su familia
que viene a instalarse a Palermo antes del comienzo de las clases.
Fotos: Eduardo Giménez. Texto y producción: Paloma Rivière.