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Natalia Mutchinick |
| Volcón de chocolate |
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| Ingredientes |
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(para 4 porciones): 150 g de chocolate, 150 g de manteca, 3 yemas, 3 huevos, 180 g de azúcar, 1/2 taza de harina 0000 y 1/2 k de helado de crema americana. |
| Preparación |
| Fundir el chocolate con la manteca a baño María. Batir las yemas y los huevos junto con el azúcar hasta punto letra. Mezclar con movimientos envolventes la preparación de chocolate junto con el batido de huevos hasta homogeneizar. Luego incorporar de a poco la harina tamizada. Colocar en 4 moldes tipo flaneras, bien enmantecadas y enharinadas. Llevar a la heladera un rato y luego cocinar en horno a 180ºC por 10’. Emplatar de inmediato, decorar con azúcar impalpable y acompañar con una bocha de helado de crema americana. |
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Natalia Mutchinick
Con gusto a Patagonia
Trabaja a orillas del Nahuel Huapi, en Villa La Angostura. En esa ciudad neuquina cocinó para Máxima Zorreguieta y parte de la familia real holandesa, incluida la reina Beatriz. Busca crear propuestas originales utilizando productos regionales e innovar renovando la carta cada semana para no aburrirse.
Aprincipios de este año Natalia Mutchinick revisó la lista de reservas para su restaurante Delfina, en Villa La Angostura, y se encontró con una inmensa sorpresa: Máxima Zorreguieta, el príncipe Guillermo y la reina Beatriz se encontraban en el listado. La princesa había llegado al restó siguiendo la recomendación de su hermano, Martín, dueño de Tinto Bistró, restaurante vecino de la Villa, y sitio donde ella había trabajado antes de tener el propio reducto gastronómico. “No les preparé nada especial. Pidieron, como todos, a la carta. Se fueron felices y dijeron que habían disfrutado mucho de la comida”, cuenta un poco avergonzada.
Desde hace ocho años vive en Villa La Angostura, aunque nació en San Pablo y a los 11 mudó su morada a Buenos Aires. Se fue a la Patagonia justo después de terminar sus estudios como cocinera en la Escuela del Gato Dumas (además había estudiado antropología, pero le faltó la tesis de licenciatura para recibirse). Hoy cuenta 31 años y es propietaria de la Hostería La Escondida, donde también se encuentra su restaurante, Delfina, en Manzano, la bahía ubicada a orillas del Nahuel Huapi. Allí ella se dedica a preparar exquisitos platos para los turistas, tanto de Argentina como del resto del mundo.
La hostería se construyó en una cabaña que es considerada patrimonio histórico porque hace más de cien años está en el lugar. “Es una construcción muy linda y simpática, con machimbre francés y piso de madera original bien gastado”, relata y acota: “La idea de este proyecto fue familiar. Mi madre fue quien más la impulsó. Ella falleció y en su honor le pusimos el nombre al restaurante”.
Natalia está embarazada de 7 meses y por eso en estos días no pasa tanto tiempo en la cocina. Sin embargo no pierde detalle de lo que allí ocurre. “Tenemos sólo 28 cubiertos. Cuando abrimos el restaurante pensamos en trabajar siempre con productos frescos, utilizando lo menos posible el freezer o la heladera, tal como sucedía en las cocinas de antes. Por eso la carta se concibió de manera acotada: una entrada parecida al Quelque Chose (foto), que es para probar un poquito de cada cosa. También hay sopa o ensalada del día y cinco o seis platos. Estoy siempre atenta a mantener la calidad de los ingredientes. La carta la vamos rotando cada 3 o 4 días. Además de trabajar con los productos de los que disponemos en el momento, rompemos la monotonía”, explica.
Para aprovechar todos los beneficios de estar imbuida en la hermosa y abundante naturaleza del lugar, Natalia armó dos huertas propias: una grande de frutos del bosque y otra más chica de hierbas y algunas hojas verdes. De ahí extrae para sus recetas: frutillas, frambuesas tradicionales, amarillas (que son muy dulces) y negras, que nacen junto con cassis, zarzamora; ciboulette, tomillo, romero, perejil, cilantro y pañil, que es una hierba autóctona muy utilizada como infusión digestiva. “Con todos estos productos recién cosechados los platos adquieren un toque especial”, afirma.
Natalia sostiene que se convirtió en chef porque “siempre me gustó cocinar para mi familia y mis amigos”, pero cuenta entre risas que su padre David, historiador, no alentaba por completo su decisión en un principio y concluye: “Él hubiese preferido una hija intelectual y me decía que iba a ser una esclava de la cocina ¡y para desconocidos! Por suerte ahora está chocho”. No es para menos, sobre todo pensando que su hija hasta cocinó para la corona holandesa. Un privilegio. |