Luciana Aymar
“Me encantaría ser actriz”
Cuatro veces elegida como la mejor jugadora de hockey del mundo, la rosarina y novia del modelo Mario Guerci demuestra en esta nota lo que las fotos confirman con vehemencia: goles, entrenamientos y torneos de primer nivel (como los Juegos Olímpicos de Beijing, que empiezan este viernes) no le han quitado la posibilidad de ser una mujer con todas las letras. En esta nota, la prima donna del deporte argentino.
| GALERÍA
DE FOTOS (clic para ampliar) |
 |
|
| |
Es difícil ser mesurado con tanto logro avasallante. Y ése es el caso de Luciana, no sólo por aquello de “la mejor jugadora del mundo” (según la acaba de nombrar, y por cuarta vez en su vida, la Federación Internacional de Hockey) sino porque su figura está fuertemente asociada al “éxito argentino”, esa especie de categoría algo peligrosa de la que ella ha salido más intacta que diezmada. Si fue bajo su batuta que Las Leonas empezaron a ser Las Leonas, que un país obsesionado con el fútbol se transformó en hockey victim y que la vitrina nacional se llenó de preciados trofeos deportivos. Aun así, conviene alejarse un poco de esas evidencias y antes que motivar sus clásicas y sinceras objeciones (“este es un juego de equipo”, “los logros son de todas”) es preferible detenerse en lo que esta bonita treintañera (en China cumplirá 31) tiene para contar. Como cuando evoca los recuerdos, muy fresquitos, de una vida casi gitana en la que su “morada” no era un motor home pero sí un micro de dos pisos con recorrido circular: Buenos Aires-Rosario, ida y vuelta. “Durante diez años, de los 17 a los 27, mi vida se desarrolló en medio de esos viajes: me tomaba un micro cada lunes, jueves y sábado. Recuerdo que en mi ciudad natal me puse a estudiar Educación Física, pero era un fantasma total. Iba cuando podía, es decir, nunca” relata para acto seguido enfatizar las enseñanzas que esa turbada trashumancia le deparó: “Fue una etapa muy dura y lo malo es que todavía hay muchas chicas del interior obligadas a hacer lo mismo. Eso es algo que tiene que cambiar, no está bueno que la jugadora resigne tantas cosas de su vida para formarse profesionalmente”.
-Visto desde esa perspectiva, ¿qué fue lo que vos resignaste por esta carrera?
-Principalmente, tiempo con mis afectos. Desde el casamiento de mi hermano, hasta viajes con amigas y familiares, pasando por todo tipo de cumpleaños y festejos. No es que me arrepienta ya que sin duda volvería a elegir este camino, pero soy consciente de esas ausencias.
-Respecto del reconocimiento, ¿no te trajo demasiados dolores de cabeza el mote de “la Maradona del hockey”?
-Y… al comienzo esa mochila me pesó bastante. Recién tenía 20 años cuando empezaron a hacer esa comparación y lo cierto es que tuve que trabajar mucho el tema de la presión y la autoexigencia con psicólogos, tanto del equipo como personales. Hoy por hoy puedo vivirlo con más orgullo y emoción que otra cosa.
-Hablando de presión, ¿no se ha vuelto casi una obligación que Las Leonas vuelvan de estos juegos olímpicos con la Medalla de Oro? Ya ganaron la de bronce y la de plata…
-Me parece que tanto la prensa como la gente nos tiene como grandes candidatas al podio pero de ahí a hablar de obligación hay un trecho importante. La verdad, todas vamos por el oro y llegamos sumamente preparadas para conseguirlo, pero si eso no ocurre, no me parece que estemos decepcionando a nadie.
-¿Y cómo manejás tus propias ansiedades? ¿Soñás con partidos, goles y situaciones deportivas?
-Sí, tengo un grave problema de ansiedad, sobre todo en etapa de torneos, cuando llego a la noche y mi cabeza sigue funcionando alrededor de lo mismo, sin parar. Hace tiempo que vengo utilizando técnicas de relajación porque si no, no hay cuerpo que aguante.
-¿Pensaste en cómo seguirá tu vida luego de que te retires de las canchas?
-Si bien para eso falta -me encantaría tener un broche de oro en el mundial de 2010, en Argentina- ya estuve sondeando varias puntas. Incluso en tele, algo que me gustaría concretar cuando tenga más tiempo disponible.
-¿Se viene Luciana conductora?
-O actriz, cosa que me encantaría. Me tienta mucho el mundo de la ficción pero, obviamente, antes de dar ese paso me prepararía a full. Recién podría suceder después del 2010, con tiempo y energía renovada.
-Suele decirse que el hockey masculiniza a las jugadoras. ¿Vos cómo lo ves?
-Más allá de ciertas actitudes masculinas propias del juego y de pasar muchas horas en ropa deportiva me parece que es un prejuicio de hace mil años, cuando los entrenamientos eran infinitamente distintos. Este equipo, por ejemplo, llama mucho la atención por su look cuando viaja, ¡somos todas muy coquetas! La verdad, a mí me encanta el físico de las jugadoras de hockey, de piernas marcadas pero muy femeninas.
-¿Tu decisión de operarte las lolas nada tiene que ver con el deporte entonces?
-No, es algo que pensaba hacer hace mucho pero que postergaba por la falta de tiempo. Cuando sufrí la lesión en mi rodilla y me dijeron: ‘vas a estar tres o cuatro meses parada’ enseguida pensé: ‘No hay mal que por bien no venga, ¡esta es mi oportunidad!’ (ríe) Así que aproveché y me operé.
-¿Cuál fue la primera reacción de tu entorno?
-Creo que nadie se lo imaginaba, mucho menos la gente común que debía pensar: “A ésta ni le debe importar si tiene lolas o no”. Pero bueno, además de deportista, soy una mujer que quiere verse y sentirse bien.
-Para el deporte, ¿no afecta ni un poco?
-No. El médico me dijo que podía recibir el peor de los bochazos y no iba a pasar nada. De todos modos, espero que eso nunca suceda… (ríe y se toca la lola izquierda).
-¿Qué dijo Mario, tu novio?
-Como todo hombre, al principio me decía “pero no, si así estás divina, ¿para qué te vas a operar?”. Cuando vio el resultado su reacción fue tremenda; “¡ah bueno!, ¡te quedan bárbaras!” (ríe) La verdad es que está chocho…
-¿Cómo se conocieron?
-Si bien él también es de Rosario, nos conocimos acá, en medio de un desfile. Me acuerdo que se me presentó y me dijo: “yo soy el amigo de tu prima”. Claro, ella estudiaba con él abogacía y siempre me decía que tenía alguien para mí, pero yo no sabía de quién se trataba. Cuando lo vi, lo primero que pensé fue: “prima del alma, ¿por qué tardaste tanto en presentármelo?” (ríe)
-¿Y qué fue lo que más te sedujo, además de lo físico?
-Su personalidad. Yo era medio reacia al mundo de los modelos, siempre había tenido relaciones con deportistas y no imaginaba cruzarme a ese nuevo ambiente. Me acuerdo que ese mismo día nos quedamos hablando bastante y me impactó mucho su forma de ser, de hablar. Mario es un tipo muy cálido y humilde, cero estrella.
-¿Sos celosa? Sin ánimo de provocar revuelos, he estado en un par de eventos donde las mujeres no paraban de mirarlo…
-(Cara de seria, casi enojada) No soy una celosa enferma, pero tampoco me pone feliz lo que me decís… Es un tema difícil porque, sí, me corre sangre por las venas y mientras yo viajo por torneos, él se tiene que ir a Brasil para una campaña con ¡diez diosas impresionantes! Es complicado. Igual, confío ciento por ciento en Mario y nunca seré de las que dicen: “a tal lado no vas”. No pienso cortarle ninguna etapa ni experiencia de vida.
-Bueno, ahora tenés tu mini revancha. Las leyendas que circulan alrededor de una villa olímpica son tremendas…
-¿Sabés que nunca me llegó nada de esa mitología? Sí he escuchado, por ejemplo, la típica noticia de reparto de preservativos, ¡pero yo no vi ni uno! (ríe) Hablando en serio, nosotras siempre hemos llegado a las instancias finales y nunca nos quedó demasiado tiempo libre como para salir de noche.
-Situación hipotética: ganan el oro, vuelven al país y son todas súper ovacionadas. ¿Lo coronás con un casamiento? Convengamos que mejor prólogo que ese no hay…
-(Ríe) ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? No, recién hace dos años que estamos saliendo y todavía somos muy jóvenes. Él es muy joven, mejor dicho (ríe). Por ahora estamos muy bien así, enamorados, felices y tranquilos. Te repito, no me gustaría quemar etapas, y hoy por hoy la prioridad de ambos pasa por otros lados.
-¿Te pusiste a pensar en esa fecha?, ¿cómo te gustaría que sea?
-Me gustaría invitar a toda la gente que tuvo algo que ver en mi vida, pero es tanta que ningún salón aguantaría. Me la imagino como una noche muy especial, no demasiado religiosa ya que, si bien creo en Dios, no soy muy amiga de la Iglesia. ¿De blanco? Puede ser, pero sobre todo por mis padres, que sueñan con esa ceremonia desde hace tiempo.
-La última, Luciana, ¿es verdad que te ofrecieron ser parte de Bailando por un sueño?
-Hubo alguna que otra conversación pero todo en tono muy liviano. Amo bailar, me encanta el programa pero, en todo caso, sería algo para muuuy adelante. No en este momento, en el que represento a la Argentina, a mi club y en el que de algún modo soy un ejemplo para las jugadoras más jóvenes. ¿Te imaginás, volver de Beijing, bailar en el caño y después ponerme a pelear con el jurado del programa? ¡No da! (risas). |